Decía un buen amigo respecto de sí mismo al volante que nunca había tenido un solo incidente con otro vehículo, ni tampoco multa alguna. A lo que le contestábamos al unísono varios que él no los tenía pero los provocaba.
Dejaba seguro un reguero de damnificados por su forma de conducir: ausencia de señalización al girar, pésimo cálculo de las distancias laterales, invasión frecuente de los otros carriles…
Él no habría tenido accidentes, pero seguro que ha debido de provocar varios. Y eso también cuenta, porque en el mundo no circulamos solos ni aislados, sino que nuestras acciones y omisiones influyen en los demás. Jesús en el evangelio exhorta a que tengamos cuidado de no influir negativamente.
