Debo reconocer que no iba con muchas expectativas a Medjugorje. Llevo muchos años escuchando que las personas cambian cuando visitan este pueblo de Bosnia Herzegovina. Que la Virgen, que se apareció en 1981 y se sigue apareciendo, te toca el corazón de un modo especial.
Ahora que he experimentado el fenómeno Medjugorje tengo que confesar que es cierto. Medjugorje te cambia. El encuentro con la “Gospa” es muy íntimo, te ayuda a ver lo importante de esta vida y regresas con una paz indescriptible. Y es que, según dicen, es la Virgen quien te invita a peregrinar a este rincón espiritual.
Medjugorje es un oasis espiritual y de la catolicidad en la Tierra. Se cuida la liturgia, se palpa la fe, se observa mucha devoción. Donde casi todas las personas comulgan en la boca (a pesar de la pandemia, e incluso, algún sacerdote te niega la comunión en la mano). Donde los presbíteros ofrecen homilías llenas de sabiduría, coraje, centradas en el encuentro con Cristo.
