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viernes, 6 de mayo de 2011

PERSPECTIVA DE FUTURO AL TRATAR CON LOS ENEMIGOS

   Cuando el rey de Persia, Xerxes, marchaba contra Grecia en sus filas se infiltró un general griego de nombre Argesilao.. Disfrazado de soldado persa asesinó al noble Mardonio.
   Capturado y atado, fue llevado a presencia de Xerxes, que le preguntó por qué lo había hecho- Pensaba que te mataba a tí, Xerxes, enemigo de los griegos, contestó el general.  Ante semejante osadía Xerxes ordenó que el general fuera torturado para revelar los planes de su ejército.
   Argesilao, adelantándose a sus verdugos, puso uno de sus manos en el fuego y allí la dejó hasta que estuvo totalmente quemada, sin murmurar ni un solo lamento de dolor y sin mostrar una sola mueca de sufrimiento en su cara. 

Hecho esto, se volvió a Xerxes y desafiante le dijo:
- Esto lo habría hecho cualquier griego, pues ninguno de nosotros nunca dirá nada que sea de provecho al enemigo
Tras lo cual y para demostrar sus palabras introdujo su otra mano en el fuego.
- Detente, exlamó Xerxes asombrado por semejante muestra de valor
- Sacad esa mano del fuego, pues tu coraje me ha conmovido.
Marcha con los tuyos, pues sin duda un hombre tan valeroso no tardará en caer de nuevo en nuestras manos.

martes, 20 de julio de 2010

LA LECCIÓN DEL PERRO

          En la famosa fraga de Cecebre, aquella hermosa creación de Wenceslao Fernández Flórez (El bosque animado), las plantas y los animales dialogan como personas, igual que en las fábulas.

         El perro más hambriento de la comarca, el perro de Esmorís, entra en el bosque. Pronto le sale al encuentro un soberbio ejemplar de zorro, deseoso de pactar y entrar en sociedad con el famélico can. Porque, juntos, pueden hacer muchas ganancias. Claro, el perro no despierta sospechas entre sus semejantes, y, si cae en un cepo, el hombre se encargará de soltarlo al día siguiente. Pero la respuesta del perro está llena de dignidad:

      -Yo no robo.
      -Todas las preocupaciones de los hombres se te han contagiado. ¡Qué porquería! Yo no robo. ¿Es que los hombres inventaron las gallinas? Las gallinas están ahí y son de todos: tuyas, mías y del milano.

      El perro razona con sentido común:
      -El hombre las alimenta.
Pero el zorro tiene respuesta para cualquier objeción:
      -Él las explota, como a ti...
Y le va recordando la vida dura que lleva, para nada.

La conversación termina con una declaración de principios del perro de Esmorís:
     -Hay algo que no conocerás nunca, y es el placer de querer aunque no nos quieran, y el placer de la lealtad, aunque nos maltraten. No es cosa que se pague más que dentro de nosotros.
Y luego explica qué es lo único que espera del hombre:
    -El precio que pedimos al hombre es que nos deje amarle. Tú no lo sabes, pero es la mayor recompensa apetecible, porque amar a alguien, reconocer su excelencia, es acercarse un poco a él. Y el hombre es un dios.

lunes, 24 de mayo de 2010

UNA LLAMADA PERDIDA


Teléfono por el que Moscardó habló con su hijo por última vez.


          El general Moscardó dirigió,  con el empleo de coronel, la Escuela de Gimnasia de la Academia de Infantería del Ejército. El cargo de director de dicho centro deportivo fue el que mantuvo hasta que en julio de 1936, Moscardó protagonizó la defensa del Alcazar de Toledo con el rango de jefe accidental de la Academia porque su superior inmediato, como otros muchos militares y cadetes, se encontraba de vacaciones. A esa defensa pertenece la anécdota siguiente:

Grotescamente tocado con la birreta del arzobispo y cardenal Gomá, el miliciano Cándido Cabello tomó el teléfono. Miembro destacado del PSOE en la ciudad de Toledo, Cabello había ideado una estratagema para poner fin a la resistencia que los “nacionales” oponían a las milicias del Frente Popular desde hacía ya dos días. 

          Al escuchar la voz del coronel al mando de las fuerzas sublevadas, Moscardó, al otro lado del hilo, Cabello volvió a sonreír entreabriendo apenas los labios, para amenazar, chulesco:

-(…) les doy a ustedes un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar, y de no hacerlo, fusilaré a su hijo Luis, que lo tengo aquí a mi lado.

Aunque estupefacto en un primer momento, el coronel estuvo pronto a reaccionar y, en un par de palabras, condensó mejor que cien discursos el desprecio que le merecía la categoría moral de su adversario:

-Lo creo -dijo por toda respuesta.
-Y para que vea que es verdad -prosiguió el matón-, ahora se pone al aparato.
-Papá.
-¿Qué hay, hijo mío?
-Nada, que dicen que me van a fusilar si no rindes el Alcázar…
-Pues encomienda tu alma a Dios, grita viva Cristo Rey y da un viva a España… ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!
-¡Adiós, papá, un beso muy fuerte!
Y, dirigiéndose al socialista:
-Puede ahorrarse el plazo que me ha dado. El Alcázar no se rendirá jamás.