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miércoles, 20 de junio de 2018

Una carta desde el cielo

Con su sencillez acostumbrada, el cardenal Albino Luciani -entonces Patriarca de Venecia, más tarde papa Juan Pablo I- explicaba cómo hemos de recibir la Escritura: 

La palabra de Dios no es más que una carta. Mi madre, cuando el cartero le traía una carta de mi padre, que trabajaba en Alemania, la abría con ansia, la leía y releía; luego, corría a contestarla y enseguida la echaba al buzón. 

Esto es la palabra de Dios, la carta de una persona que se ama, que se espera; la leemos para hacerla nuestra y contestamos enseguida.

 (N. VALENTINI Y M. BACCHIANI, El Papa de la sonrisa) /anecdonet.com
Juan Ramón Domínguez Palacios / http://anecdotasypoesias.blogspot.com.es

miércoles, 25 de octubre de 2017

Profesor de la univ de Boloña: Yo no me dispenso

Contaba Juan Pablo I en una catequesis, durante su corto pontificado, lo que le sucedió a un hombre de prestigio, profesor de la Universidad de Bolonia. Una tarde le llamó el ministro de Educación y, después de hablar con él, le invitó a quedarse un día más en Roma. 

El profesor le contestó: "No puedo, tengo mañana clase en la Universidad, y los alumnos me esperan". El ministro le contestó: "Le dispenso yo". Y el profesor: "Usted puede dispensarme, pero yo no me dispenso" [1]. Era sin duda un hombre responsable, que no se limitaba a cumplir y a dar el menor número posible de clases. 

miércoles, 13 de octubre de 2010

FUTURO PAPA

          El padre del que llegaría a ser Papa con el nombre de Juan Pablo I, Albino Luciani, se llamaba Giovanni y era un hombre de ideas socialistas, anticlerical y no pisaba el templo, aunque murió tras recibir los últimos sacramentos y en perfecta sintonía con la Iglesia. Su hijo, Albino, seguramente impresionado por un predicador capuchino, se planteó a los diez años el ser sacerdote. 

          Pero había que conseguir el beneplácito del padre, que por aquel entonces andaba trabajando en Francia; y algo más que el permiso, porque había que pensar en comprar libros, desplazamientos, pensión -aunque muy modesta- del seminario..., y la familia era bastante pobre.

          Curioso. El padre, a pesar de la sorpresa que le supuso la decisión del hijo, le respondió a vuelta de correo: "Haz lo que quieras". El Papa Juan Pablo I conservó celosamente aquella carta entre sus recuerdos más queridos.

Cfr. N. Valentini y M. Bacchiani, El Papa de la sonrisa