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viernes, 22 de enero de 2016

Una generación pasada de rosca

   
   Nínive, ciudad de depravadas costumbres. Sus habitantes habían vuelto la espalda a Dios, prefiriendo vivir perdidamente atraídos por la voluptuosidad de los placeres. Jonás se asusta ante el cometido profético que recibe: anunciar la conversión a los ninivitas. Hará todo lo posible por huir del escenario escogido por Dios para él; no obstante, resultará imposible escapar del querer de Dios.

    Arrojado al agua y devuelto a la orilla por el cetáceo, predicó la buena noticia de la conversión en la gran ciudad, ganando el favor del rey y de los ciudadanos. La urbe se salvó de la ira de Dios por la predicación de Jonás.

martes, 15 de julio de 2014

¡¡Usted no puede creer eso, ¿verdad?!!

   
   Conocían de sobra el modo de pensar del maestro. De ahí que les chocara tanto. ¿Acaso había enloquecido? Lo cierto es que don Ángel ya no sabía qué hacer para convencer a sus pupilos que existe una vida más allá de la vulgar existencia que a disgusto alberga en sus empequeñecidos corazones. Y no se le ocurrió otra cosa.

   Era una mañana de martes a primera hora. Dijo –y esto era lo único cierto– que había estado todo el fin de semana de retiro espiritual. Callado. Rezando. Expuso entonces, a viva voz, la conclusión a la que había llegado tras sesudas horas de reflexión.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Alejandro Magno: Lloro porque ya no hay nada más que desear

 
Lloro porque ya no hay más que desear, dijo Alejandro Magno cuando creía que ya había conquistado todo el mundo. Reflexionemos sobre el bien y el placer.

Montecarlo es uno de los grandes premios de Fórmula Uno más espectaculares. Se trata de un circuito urbano, en medio del glamour de una de las ciudades más bellas del Mediterráneo. Al circular entre las calles, resulta muy difícil adelantar, porque las vías son estrechas. Por eso, al final, suele resultar tan espectacular en el ambiente como pobre en la carrera, porque con dificultad hay cambios durante la competición. Eso sí, cuando sale una buena carrera... es espectacular como pocas.

   La ciudad se llena de curiosos y espectadores. Alquilar un balcón, unos 1.500 € por persona. Una casa asciende a cifras astronómicas: una sola jornada vale más que el salario anual del 80% de la población mundial. Y todo por ver pasar veinte coches a doscientos kilómetros por hora. Es comprensible la satisfacción que eso debe provocar en el aficionado al automovilismo, es innegable pero... ¿es suficiente? ¿No representa más bien el ansia desenfrenada de dar satisfacción al corazón por un camino equivocado?

viernes, 29 de enero de 2010

La Tribu Danone


Son altos, generalmente rubios, de piel tersa y dentadura blindada por la ortodoncia. Lucen pelusilla de albaricoque en la epidermis, y huelen a Nenuco. No han oído hablar de las paperas, de la tosferina ni de los sabañones. Conocen el sarampión por la literatura y la seborrea por los anuncios de la tele.

No han sufrido mucho, la verdad: apenas un leve acné en la edad del pavo, y algunas espinillas, curadas con clerasil. Son guapos de puro sanos, metabólicamente hermosos, con esa belleza insolente que tienen los animalitos de exposición. No vivieron ninguna guerra -ni falta que les hace- ni más revoluciones que las musicales. Dios los libró del hambre de la posguerra, del estraperlo y del aceite de hígado de bacalao. No necesitaron abrasarse la epidermis con cataplasmas de linaza; todo lo más, unos untes de Vicks Vaporub. Mastican chicle sin azúcar y desayunan toneladas de cereales flotantes sobre hectolitros de leche pasteurizada, envasada en tetrabrick.

Pertenecen -según el antropólogo Kloster- a la dan up generation o generación danone; pero no es justo llamarlos generación, ya que la mayoría de los de su edad viven en órbitas más modestas y corrientes. Mejor sería calificarlos de tribu. Sí, eso es, se trata de la más acomodada, lustrosa y civilizada de las tribus urbanas.

Enrique Monasterio
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