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martes, 27 de octubre de 2015

Cuatro huevos fritos

Lo más grande, lo más bonito de la vida de los hombres… es lo pequeño. Contaba un sacerdote que, estando en la India, celebró Misa muy de madrugada a unas religiosas junto con el Obispo y otros invitados. A la hora del desayuno se descubrió el extraordinario lujo de un huevo frito en el plato de cada uno de los cuatro comensales. 

Por desgracia (o por fortuna), ninguno de los otros tres podían tomar el huevo, de modo que don Leo se comió los cuatro movido por el deseo de evitar un disgusto a las hermanas que con tanto cariño habían preparado tan suculento manjar. La cosa no debió de pasar desapercibida a la hermana sacristana puesto que, a la mañana siguiente después de la Misa, don Leo –esta vez solo– encontró en su mesa de desayuno, café, pan y… ¡cuatro huevos fritos!

jueves, 24 de junio de 2010

LA CERCA DE CLAVOS

          Érase una vez un joven con un carácter bastante violento. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que clavara un clavo en la cerca del jardín cada vez que perdiera la paciencia y se peleara con alguien. El primer día, llegó a clavar 37 clavos en la cerca. Durante las semanas siguientes aprendió a controlarse, y el número de clavos colocados en la cerca disminuyo día tras día: había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos.

          Finalmente, llego un día en el cual el joven no clavó ningún clavo en la cerca. Entonces fue a ver a su padre y le dijo que había conseguido no clavar ningún clavo durante todo el día. Su padre le dijo entonces que quitara un clavo de la cerca del jardín por cada día durante el cual no hubiera perdido la paciencia. Los días pasaron y finalmente el joven pudo decirle a su padre que había quitado todos los clavos de la cerca.

          El padre condujo entonces a su hijo delante de la cerca del jardín y le dijo:

          - "Hijo mío, te has portado bien, pero mira cuantos agujeros hay en la cerca del jardín. Esta cerca ya no será como antes. Cuando te peleas con alguien y le dices algo desagradable, le dejas una herida como esta. Puedes acuchillar a un hombre y después sacarle el cuchillo, pero siempre le quedará una herida. Poco importa cuantas veces te excuses, la herida verbal hace tanto daño como una herida física. Los amigos son como joyas muy valiosas. No los maltrates. Siempre están dispuestos a escuchar cuando lo necesitas, te sostienen y te abren su casa."