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viernes, 2 de abril de 2021

Una partida de ajedrez

 

Si en algún momento nos diese miedo que Dios nos encontrase donde estamos, sería porque estamos en mal sitio, fuera de lugar.

Debo tratar de hacer en cada momento lo que creo que el Señor espera de mí en ese momento. Entonces, en lugar de querer cambiar de sitio, me alegrará que me encuentre donde me espera.

San Carlos  Borromeo estaba jugando una partida de ajedrez. Junto a él, un grupo de religiosos y seglares discutían respecto a lo que cada uno de ellos haría si de pronto les notificasen que el mundo se acabaría en el espacio de una hora.

San Carlos se dirigió a ellos y dijo:
– Yo seguiría jugando mi partida de ajedrez.

jueves, 3 de enero de 2013

Tratar a Dios a diario

   Alessandra estudia Economía en la Universidad de la Sapienza (Roma). En este Año de la Fe, explica cómo se organiza para recordar que Dios la acompaña en todo momento (02’22’’).



Para mí, vivir la fe significa tener presente a Dios en mi día a día, en mi vida ordinaria

Dios me acompaña todos los días. Está conmigo en la universidad, cuando estoy con mi familia, o con mis amigos, y cuando salgo con mi novio.

lunes, 10 de diciembre de 2012

PROHIBIDO USAR EL MÓVIL POR LA CALLE


El caso es que suena por ahí que en una ciudad del sudeste asiático han decidido prohibir bajo pena de multa que la gente consulte su móvil mientras camina por la calle. Un celular contemporáneo es una inmensa máquina de comunicarse a través de cientos de medios y redes sociales. Engancha. Mucho. Demasiado.

Bien pensado, la drástica determinación del gobierno consiste en prohibir a sus ciudadanos caminar distraídos mirando al suelo. Ese continuo estar en babia, navegando constantemente mientras se camina sin rumbo, ha ocasionado ya en esa gran ciudad demasiados accidentes: atropellos, caídas, descuidos... El alcalde y su plenaria regulan sobre lo exterior, pero, bien mirado, el caminar mirando al suelo tiene también un sentido más profundo.

Todo el rato, en el agobio de las cosas de acá abajo. ¿Hasta cuándo soportará nuestra conciencia no mirar a lo alto –a donde fue llamada– y respirar hondo el aire rico y fresco de la alta montaña de Dios? Ahora, mediado nuestro Adviento, es momento de que alcemos nuestra vista a ese Dios que desciende a la gruta de Belén para hacerse, para siempre, Dios-con-nosotros

domingo, 29 de julio de 2012

¡ELE LERELE!


Cada etnia tiene su particular forma de desmostrar cariño.

Un sacerdote nos refiere un ejemplo de piedad sencilla. Lo protagoniza un chaval, “barman” en una cervecería sevillana. Le pregunta al final de una clase de formación cristiana.

-          ¿Tú le tienes cariño a la Virgen?
-          ¡ Digo!
-           ¿Y qué haces para acordarte de Ella?
-          Pues en el bar tengo un cuadro de la Macarena y, cuando me piden una cerveza, paso por delante de la Virgen, la miro, y le digo: ¡ele!
-          Y… ¿no sabes decirle otra cosa?
-          ¡Si! A veces paso, la miro, me quedo “clavao”, y le digo “ele lerele”

viernes, 17 de febrero de 2012

LA CRESTERÍA DE LA CATEDRAL

Catedral de Burgos
    San Josemaría Escrivá recuerda en Amigos de Dios  (n." 65) una temporada pasada en Burgos, allá por el año 1938 y primeros meses del 39. Habla de su labor sacerdotal; de cómo solía charlar con los jóvenes que se dirigían espiritual­mente con él; a veces se iban a dar un paseo por la orilla del Arlanzón, pero en otras ocasiones les llevaba hasta la Cate­dral; era toda una catequesis:

   «Me gustaba subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crestería, un auténtico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa. En esas charlas les hacía notar que aquella maravilla no se veía desde abajo. Y, para materializar lo que con repetida frecuencia les había explicado, les comentaba: ¡esto es el trabajo de Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfección, con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra. 
   Comprendían, ante esa realidad que entraba por los ojos, que todo eso era oración, un diálogo hermoso con el Señor. Los que gastaron sus energías en esa tarea, sabían perfectamente que desde las calles de la ciudad nadie apreciaría su esfuerzo: era sólo para Dios. ¿,Entiendes ahora cómo puede acercar al Señor la vocación profesional? Haz tú lo mismo que aquellos canteros, y tu trabajo será también operatio Dei, una labor humana con entrañas y perfiles divinos».

J. EUGUI

domingo, 13 de noviembre de 2011

ENCONTRAR A CRISTO

   Un cuento de Tolstoi, titulado Donde hay amor, allí está Dios, nos advierte sobre la importancia de ver a Cristo en los demás.
  
   Martín, zapatero remendón, ya viejo, vivía solo. Leía los Evangelios y procuraba vivir cristianamente. Habiendo leído la pobre acogida que un fariseo había dispensado a Cristo, tuvo el deseo de que el Señor visitase su barraca. Una noche oyó, dormido, esta voz: «Martín, Martín; mira por la ventana, mañana, porque Yo iré».

   ¿Sería un sueño? De todos modos, al día siguiente se preparó para recibir a Jesús. No acudió. Un anciano que barría la nieve en la calle le produjo lástima. Le llamó y le ofreció una taza de té caliente. «¿Está usted aguardando a alguien?», preguntó el viejo entre sorbo y sorbo. Martín le contó la historia del sueño.

   Más tarde divisó una mujer que tiritaba de frío, con un bebé llorando en los brazos. También a ésta la hizo entrar y la soc orrió.Atardeció y Cristo no había comparecido. Pero Martín seguía en la ventana aguardando.

   Después fue una vendedora de manzanas quien llamó su atención, porque advirtió que un muchacho le robaba una y lograba escapar. Martín corrió hasta alcanzarlo. Consiguió que hicieran las paces, y el ladrón quedó tan arrepentido que se ofreció a ayudar a la vendedora a transportar el cesto hasta su casa.

   Llegada la noche y cerrada la puerta, volvió el zapatero a la lectura favorita. Desde un rincón oscuro llegó a él otra vez la voz misteriosa: «Martín, ¿no me conoces?». El zapatero preguntó: «¿Quién es?». «Soy yo», dijo la voz. Y por un momento apareció el barrendero. «Soy yo», repitió. Y se mostró la mujer con un bebé. «Soy yo», y la mujer de las manzanas con el muchacho le sonrieron y desaparecieron. Martín estuvo muy contento al ver que Cristo le había visitado aquel día tres veces.

      Cfr. F. H. Drinkwater, Historietas catequísticas

lunes, 22 de noviembre de 2010

NO ACEPTÓ LA CRÍTICA


   Decía en cierta ocasión el músico Haydn (1732-1809), a propósito de su obra: «Cuando pienso en Dios, mis notas surgen copiosas como el agua de una fuente; si Dios ha querido darme un corazón alegre, me perdonará que le sirva alegremente Al contrario, es así como Dios desea que se le sirva.

   También se cuenta -en esta misma línea- que hubo quien le criticó porque las misas que componía eran demasiado alegres. Haydn se limitó a contestar: «No puedo evitar que al pensar en Dios mi corazón salte de alegría».


JULIO EUGUI

miércoles, 16 de junio de 2010

LAS GAFAS DEL MONSIEUR




           Cuentan que el comienzo de la construccion de carreteras en Camerun fue costoso. Los nativos trabajaban bien, de sol a sol, si el ingeniero frances estaba presente. 


            Pero si por cualquier motivo el ingeniero debia ausentarse, entonces los peones camineros se buscaban una buena sombra y se tumbaban a la bartola. No sirvio de nada nombrar capataces, que al pedir mas trabajo, recibian desobediencias en ausencia del frances. Y, claro, el progreso de las obras era penoso... 


              Este despues de meditarlo mucho les dijo:


 - Me voy a tener que ir a la ciudad, pero voy a dejar mis gafas encima de la silla: os estare viendo todo el rato.


 Y premiare a los buenos trabajadores y castigare a los vagos. 


Y de esa manera tan sencilla logró que la gente trabajara estuviera el presente o no.
             Ya decía Jorge Manrique que "son condiciones de mudanza las condiciones de ausencia". Nos ayuda en nuestros quehaceres diarios tener presentes a quienes amamos. Pero,  sobre todo , es determinante en nuestro actuar caer en la cuenta de que siempre estamos en  la  presencia de Dios,  que es nuestro Padre. Que nos bendice, nos ayuda, nos perdona y nunca nos deja solos.