Nació en 1568, cerca de Mantua, en la italiana provincia de Lombardía, hijo de los príncipes de Castiglione. Desde pequeño, Luis Gonzaga comenzó a dar síntomas de desear la vida religiosa. Recibió la educación de su madre, y pronto ingresó en la Compañía de Jesús en Roma. Renunció a los derechos de príncipe que le correspondían por ser el hijo primero de la familia. Encontró el final de su vida en la juventud: cuidando enfermos en hospitales, contrajo él mismo una enfermedad que lo llevó al sepulcro en 1591.
Poco antes de morir, recibió una carta de su madre, apurada por su salud, angustiada por su enfermedad mortal. «Guárdate de menospreciar la infinita benignidad de Dios –contestó el joven moribundo– que es lo que harías si lloraras como muerto al que vive en la presencia de Dios y que, con su intercesión, puede ayudarte en tus asuntos mucho más que cuando vivía en este mundo.
