Así lo describe Enrique Monasterio con su prosa encantadora:
Para Yavé, aquel interminable arenal de
estrellas recién creado seguía siendo tan pequeño corno la brizna de polvo de
donde procedía. Así que no tardó mucho en recorrerlo, penetrando con su mirada
hasta el último átomo del universo.
—Has crecido mucho —le dijo—. ¡Quién iba a
pensar que, en unos pocos millones de años, alcanzarías todo el espacio que te
presté! ¿Y de dónde has recibido tanta belleza?
—De tu mirada —respondieron las criaturas.



