Cuando algún alumno o pupilo mastica chicle y le sugieren que pare, éste invariablemente se siente contrariado. Frecuentemente pregunta – ¿Por qué? La primera explicación que sale es “por que lo mando yo”.
Como esa no convence (y menos si se usa infinidad de veces) uno acaba espetando – “por que las reglas no lo permiten…” pero tampoco convence. He aquí un ejemplo para responder al alumno arisco… que convence (o por lo menos, que le calla la boca)…
