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lunes, 2 de marzo de 2015

Perfectus Detritus

   
Perfectus Detritus
   «¡César nos pide más dinero y más hombres para hacer la guerra, cuando ni siquiera es capaz de asegurar la paz romana en sus territorios conquistados!». Un senador se queja abiertamente en presencia de César. Los otros miembros del Senado se revuelven. La situación es tensa. 

   El orador prosigue: «Existe un pueblecito allá arriba, en las Galias, que se burla de nuestras tropas de ocupación y rehúsa nuestra ley... ¡que César haga que se respete a Roma en los países conquistados, antes de pensar en nuevas aventuras!».

Los senadores ponen contra las cuerdas al gobernador de la omnipotente Roma. Y lo peor es que tienen razón: existe un pueblecito al norte, en las Galias (el pueblo de Asterix y Obelix, como habrás adivinado), que resiste a la ocupación romana. Cuando se queda solo, el gobernante medita con sus colaboradores más próximos: ¡hay que acabar con esos irreductibles para acallar la boca de los que se oponen al poder del César! ¿Qué hacer?

miércoles, 22 de mayo de 2013

EL HERRERO DE ZURICH


Cuentan que en una antigua casa de un herrero de Zürich está impresa esta leyenda, que aún hoy puede leerse: «Si hubiese que poner un candado a toda boca mala, entonces la noble herrería sería el primer gremio de la tierra».

Las facciones nacen de la envidia y en la vida cotidiana se alimentan por la lengua. La murmuración es el vehículo apropiado para generar división en cualquier grupo humano, también en el de los seguidores de Cristo.

Es imposible detener la maledicencia de otros. Ya se lo dijo don Quijote a Sancho, cuando este último lamentaba las críticas que recibía: «No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será nunca acabar: ven tú con segura conciencia, y digan lo que dijeren, que es querer atar las lenguas a los maledicentes lo mismo que querer poner puertas al campo» (Parte II, c. LV).