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miércoles, 12 de abril de 2017

...y el Gran Poder fue a verle a su casa

Era allá por 1965 uno de los famosos del barrio un delantero ya retirado del Sevilla FC llamado Juan Araujo. El jugador, tras retirarse del fútbol, había montado un garaje para reparación de coches en los aledaños de la Parroquia de la Concepción
El hombre había sufrido el mayor dolor que puede sufrir un padre: la muerte de un hijo. Tras acudir en repetidas ocasiones a la Basílica de San Lorenzo e implorar la salvación de su vástago, la muerte se llevó al hijo de Juan Araujo tras una larga enfermedad. Araujo nunca se lo perdonó al Señor de Sevilla, y dicen que el futbolista renegó de volver a la basílica, diciéndole al Gran Poder que si quería verlo, que viniera él a su casa.

sábado, 4 de abril de 2015

El Gran Poder en su casa

 
 El Pato Araujo colgó un día sus botas de delantero centro y su camiseta con cordoncillos como de pescadora playera, y puso un garaje. Tenía una vida próspera, cuya felicidad, ay, pronto se vio truncada con la grave enfermedad de un hijo. Lo llevó a los mejores médicos, sin que hallaran remedio. 

   Con un hilo de esperanza en su desesperación, acudió muchas tardes a la iglesia de San Lorenzo, a pedirle al Señor del Gran Poder que lo curara. Un día y otro, hasta que el pobre muchacho murió. Entonces, enrabietado por el dolor de la guerra de la vida en la que los padres entierran a sus hijos, fue de luto a San Lorenzo y, encarándose con el Gran Poder, le dijo: -- Que sepas que ya no vengo más a verte porque no has querido salvar a mi hijo. Así que si quieres verme, vas a tener que ir tú a mi casa... 

   Pasaron los años. Se celebró en Sevilla una Santa Misión en la que las imágenes de Semana Santa fueron llevadas a los barrios, para mover la devoción. Y llevaban al Señor del Gran Poder en modestas andas hacia Nervión cuando la noche se abrió en agua. Los hermanos que portaban al Señor buscaron inmediato refugio para la imagen bajo la tromba. Y vieron la puerta de un garaje. Llamaron.