Así lo recordaba el Papa Francisco el domingo pasado: Pablo VI fue un Romano Pontífice que remó a contracorriente defendiendo los valores cristianos esenciales. Su magisterio sobre la familia y la vida fue esencial. Conviene recordarlo.
El Papa Pablo VI, en el año 1968, anunció los riesgos que amenazarían al hombre si este se ponía como señor de la vida y de la muerte: no solo existe la tentación de quitar la vida cuando se juzga oportuno (aborto, eutanasia), sino de darla cuando se quiere bajo cualquier medio, por ilegítimo que sea (fecundación artificial)… y eso es altamente peligroso.
El Papa advertía entonces del peligro de separar la sexualidad de la fecundidad, y elegir por propia y arbitraria decisión cuándo la vida tiene derecho a existir. Anunció que la vida dejaría de ser fruto del amor, y no erró en su pronóstico.

