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viernes, 18 de enero de 2019

La carcoma de la rutina

Hubo un día terrible en que el odio convocó a una reunión a todos los sentimientos nefastos del mundo.

Y cuando todos estaban reunidos, dijo el odio: 
“Los he reunido aquí porque quiero con todas las fuerzas matar al amor”. 


Y trataron de matarlo el mal carácter, la ambición, los celos, la frialdad, el egoísmo, la indiferencia, la enfermedad. Ninguno logró el propósito. 

jueves, 4 de septiembre de 2014

El vigilante del museo

     
  Comentaba hace años un vigilante del museo del Prado a un amigo: "Llevo tantos años trabajando en el museo que cuando paso una y otra vez antes los cuadros de la pinacoteca tengo que repetirme para mis adentros que protejo un tesoro extraordinario.

        Probablemente, por falta de sensibilidad artística y por la rutina de haber recorrido miles de veces esas salas me he acostumbrado a no valorar tanta belleza. Por eso me repito una y otra vez: esto es un tesoro que debes custodiar con celo aunque muchas veces tu insensibilidad y costumbre te impida apreciarlo".

        La confidencia del vigilante es muy aleccionadora para todos. Para mantener vivos los amores que tenemos todos. A la familia, a los amigos...

        Los cristianos disponemos de un tesoro extraordinario: la Eucaristía. No es un recuerdo. De modo misterioso pero real nuestro Dios ha realizado el portento. Escondido a nuestra sensibilidad está realmente presente Jesucristo, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Y me gusta recordar las palabras de San Josemaría:

domingo, 18 de abril de 2010

RUTINAS


Me ha gustado esta anécdota de Enrique Monasterio y os la reproduzco

Hace ya muchos años, un famoso campeón del mundo de rallies, asistía a una tertulia con universitarios en las afueras de Madrid. Uno de aquellos chavales le preguntó:

—¿Qué se siente cuando vas a comenzar una carrera y están todos los coches a punto, con el motor en marcha en la línea de salida…?

El campeón le miró con cierta guasa, y respondió:

—Yo tengo la inmensa suerte de ganarme la vida con algo que me apasiona. Pero no te engañes; en el fondo, soy sólo un mecánico especializado. El 90 por ciento de mi trabajo es rutina: oír como suenan los motores, buscar soluciones, apretar tornillos… Gracias a eso, cuando llega el momento de la verdad puedo centrarme en la carrera. A ti te ocurrirá lo mismo: la profesión más absorbente del mundo se compone de un noventa por ciento de rutina y un diez por ciento de emoción.

Empezar una actividad, un proyecto nuevo suele ser emocionante. La rutina acaba imponiéndose poco a poco. Y no es malo, porque la persona humana es animal de costumbres. Y vivimos gracias a ellas. Lo mejor es adoptar la actitud de recomenzar cada día, viviendo en el presente, con la cabeza en el cielo y los pies en el suelo, en la realidad en la que vivimos. Os recuerdo el precioso consejo de San Josemaría:

«Nunc coepi!» -¡ahora comienzo!: es el grito del alma enamorada que, en cada instante, tanto si ha sido fiel como si le ha faltado generosidad, renueva su deseo de servir -¡de amar!- con lealtad enteriza a nuestro Dios. (Surco n. 161)