Santo Tomás Moro, encarcelado injustamente en la Torre de Londres, escribió una breve lección espiritual sobre el rencor y la misericordia. Decía el que fuera Lord Canciller de Inglaterra: «Hacia ningún hombre tengas mala voluntad. Pues, una de dos: o es bueno o es un malvado. Si es bueno y le odio, entonces soy yo el malvado.
Si es un hombre malvado, o bien se arrepentirá y morirá bien y se irá a Dios; o se quedará en su maldad y se irá al diablo. Déjame recordar que, si se salva, no dejará de amarme de todo corazón, si yo también me salvo, como espero, y entonces le amaré de la misma manera.

