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lunes, 12 de septiembre de 2016

Una noche a 3.000 metros de altura

«Han pasado frío, pero no han tenido problemas de salud», aseguró ayer el comandante de la Gendarmería de alta montaña de la prefectura de Alta Saboya (Francia) tras poner fin al rescate de los pasajeros atrapados en un teleférico del Mont Blanc. 

Durante toda la noche, las más de treinta personas que permanecían atrapadas en las cabinas mantuvieron contacto con las autoridades a través del teléfono móvil y tuvieron conocimiento de los avances de una operación que tuvo que ser interrumpida al caer la noche del pasado jueves, después de que los helicópteros lograsen trasladar a tierra firme a 65 personas. 

Los cables del teleférico, que se enredaron por causas desconocidas, fueron liberados a primera hora de la mañana de ayer y permitieron que el convoy volviera a ponerse en marcha. Los últimos turistas rescatados, entre los que se encontraba un niño de 10 años, pasaron la madrugada a más de 3.000 metros de altitud y con unas temperaturas que oscilaron entre los 5 y los 10 grados. Pasaron frío, pero no estuvieron solos: cinco socorristas subieron al teleférico para pasar la noche con ellos.

abc.es

domingo, 15 de noviembre de 2015

Jugarse la vida por los demás

Copio a continuación el artículo de prensa sobre el rescate de los cuerpos de los militares fallecidos en el accidente de helicóptero cerca de la costa marroquí, el mes pasado. Me parece un servicio valiente y generoso para poder dar el consuelo a la familia de los militares fallecidos. ¡Tenemos mucho que aprender!

"Eran las 20.00 horas del pasado 22 de octubre. Estaba en casa cuando sonó su móvil, el de las emergencias: había caído un helicóptero en aguas del Atlántico. Ninguna noticia sobre sus tres tripulantes: el capitán José Morales Rodríguez, el teniente Saúl López Quesada y el sargento Jhonander Ojeda Alemán. Volaban en un helicóptero del 802 escuadrón del Ejército del Aire que desapareció a 280 millas de Gando (Gran Canaria) y a 40 millas al suroeste de Dajla (Sáhara Occidental). Desde el minuto uno, el capitán de corbeta Francisco Javier Súnico se puso al frente del equipo de rescate submarino. 

viernes, 23 de abril de 2010

OPERACIÓN RESCATE PROVIDA EN NEW YORK


«Lo único que necesitaba aquella mujer era alguien que le ayudase, y bastó conmigo: un cualquiera de 21 años», cuenta Javier. He aquí su testimonio.

Se bajó de un coche negro que se había detenido junto a la puerta. Tendría unos 35 años. Yo sólo disponía de cinco segundos para acercarme a ella y para tratar de convencerla para que no entrase. Era muy poco tiempo. Menos aún si se tiene en cuenta que en aquel momento yo era un cualquiera de 21 años que había terminado 3º de Publicidad y Relaciones Públicas en Pamplona y que llevaba sólo unos días en Nueva York. Pero había que intentarlo. Por eso, Ignacio y yo fuimos rápidamente a su encuentro.

La mujer estaba ya en la primera puerta cuando llegamos a su altura y empezamos a decirle todo lo que se nos pasaba por la cabeza: “Tenemos ayuda gratis”, “Tú no quieres esto para tu bebé”, “No es tu última opción”, “El niño te querrá”... Eran más o menos los argumentos que nos habían repetido en Expectant Mother Care (EMC), la organización provida con la que acabábamos de empezar a colaborar. Ella continuó hacia la segunda puerta como si no nos escuchara. Nosotros insistíamos, aunque pensábamos que no había mucho que hacer.

Cuando ya tenía agarrado el pomo de la puerta, se detuvo mirando al suelo, dubitativa. Después levantó la vista y nos miró a nosotros. Luego a la puerta. Y se puso a llorar. “¡No entres!”, le pedimos. Se quedó inmóvil, llorando. Estuvo así durante casi diez minutos, hasta que soltó el pomo y vino hacia nosotros.

Sus ojos eran un poema, suplicaban ayuda. Ella sabía que en su interior había un niño, pero estaba sola, desesperada, sin dinero. Nos abrazó mientras reía y lloraba a la vez. Lo único que necesitaba era alguien que le ayudase, y bastó conmigo: un cualquiera de 21 años. Nuestra jefa en EMC la llevó a una casa de maternidad, y después supimos que esperaba gemelos y que estaba muy feliz, que sólo la desesperación le había llevado hasta la puerta de aquella clínica.

Cuando me confirmaron que no iba a abortar, en vez de sonreír de oreja a oreja me quedé aturdido: un tío de 21 años, que sale tres veces por semana, que aún estudia en la universidad, que lo único que quiere es irse con los colegas, que es más vago que nadie, había conseguido que una mujer no abortara.

Uno piensa que una historia así es algo que sucede en las películas; que hay unos pocos “elegidos” por ahí que se encargan de ayudar a los demás. Y de elegido nada: un chico de 21 años se puso delante de una chica y le dijo unas pocas palabras. Eso era todo lo que ella necesitaba en aquel momento.

lunes, 12 de abril de 2010

¡AL RESCATE!


Son las cuatro de una tarde de sábado. Hasta las puertas de Dator, centro que realiza una media de 15.000 abortos al año, comienzan a llegar algunos ‘soldados’ del ‘ejército’ Poveda. Su misión: salvar vidas. Sus armas: voluntad firme de ayudar y respeto a la decisión de la mujer, sea cual sea.

Se congregan allí desde abril de 2009, cuando nació la Escuela de Rescatadores a la Madrileña con el objetivo de recuperar vidas perdidas, de “burlar al destino”.

Gema López se ‘alistó’ cuando la escuela acababa de arrancar, “un Sábado Santo”. Allí encontró la posibilidad de ayudar que llevaba meses buscando. “Había ido a Los Ángeles a ver a mi hermano y conocí a una de las chicas rescatadas por el actor Eduardo Verástegui. Pensé que tenía que hacer algo, pero qué: ¿me iba sola a las puertas de los abortorios? Encontrar la escuela de Poveda fue providencial”.

Sólo un minuto

Como Gema, todos los ‘soldados’ están atentos a cualquier pareja o chica sola que se aproxime a las puertas de Dator. “Nos acercamos -siempre de dos en dos- con la mejor educación y todo el cariño y les decimos que sabemos que tienen problemas serios para los que nosotros ofrecemos ayuda real”, explica ella.

La escritora Silvia Laforet, que ha acompañado más de una tarde a los rescatadores, describe muy bien el ambiente que reina entre los guardianes de la vida: “Grandes dosis de empatía, compasión, misericordia, humildad y conocimiento de la realidad, de las dificultades de la vida que a veces pueden con nosotros. No valen demagogias. No existe el reproche. Se trabaja con Amor”.

Y así, con amor, piden a las mujeres que les dediquen un minuto de su tiempo. “La mayoría”, señala Gema López, “nos dice que tienen mucha prisa porque tienen cita. Yo les digo que esperen un poco, que para la cita pueden volver otro día, pero que para oír lo que tenemos que decirles a lo mejor luego es demasiado tarde”.

Muchas tardes no hay malas noticias que lamentar sino vidas que celebrar: más de sesenta, “con nombres y apellidos”, en lo que va de año.

Como aquella pareja que llegó a Dator en moto. Venía de Soria, solo para abortar. La conversación con los rescatadores comenzó en la calle pero acabó, mucho después, en uno de los bares cercanos. “Se volvieron a subir en la moto para volver a su casa y seguir adelante. Los tres”, recuerda Silvia Laforet.

ALBA
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