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jueves, 5 de octubre de 2017

El vértigo del mal

¿Pero cómo puede el deseo de conocimiento llevarnos por mal camino? San Agustín cuenta la historia de cómo su amigo Alipio asistió a los juegos de gladiadores en Roma, y estaba decidido a cerrar sus ojos en el momento de la muerte del perdedor. Había decidido que incluso si sus amigos habían traído su cuerpo a los juegos, no podrían forzar su mente a disfrutarlo. 
Cuando la muchedumbre aclamó con voz potente, no pudo resistir, y abrió los ojos, diciéndose a sí mismo que aunque viese el espectáculo, aún así estaría por encima de él y lo despreciaría en su corazón. Sin embargo, en contra de lo que se había propuesto, terminó disfrutando en su corazón del espectáculo.

miércoles, 24 de octubre de 2012

EL SOCIO

   Decidí vender mi alma al diablo. El alma es lo más valioso que tiene el hombre, de modo que esperaba hacer un negocio colosal.
   El diablo que se presentó a la cita me decepcionó. Las pezuñas de plástico, la cola arrancada y atada con una cuerda, el pellejo descolorido y como roído por las polillas, los cuernos pequeñitos, poco desarrollados.
¿Cuánto podía dar un desgraciado así por mi inapreciable alma?
-¿Seguro que es usted el diablo? –pregunté.
-Sí ¿por qué lo duda?
-Me esperaba al Príncipe de las Tinieblas y usted es, no sé, algo así como una chapuza.
-A tal alma, tal diablo –contestó-. Vayamos al negocio.
 Mrozek, Slawomir: Juego de azar, “El socio”,
 
  El diablo es el padre de la mentira y trata de engañar a los hombres prometiéndoles imposibles que no puede conseguir. Siempre repite los mismos engaños. San Josemaría nos lo explica: ¡Qué poco listo parece el diablo!, me comentabas. No entiendo su estupidez: siempre los mismos engaños, las mismas falsedades...
—Tienes toda la razón. Pero los hombres somos menos listos, y no aprendemos a escarmentar en cabeza ajena... Y satanás cuenta con todo eso, para tentarnos.
(Surco n. 150)