Amar es, a veces, saber sorprender, saber tener un detalle que el otro no espera…
El 24 de diciembre de 2010, casi al filo de la medianoche, un avión de la compañía Span Air culminaba un largo viaje entre Barcelona y Las Palmas. Ciento noventa personas, con el cansancio del día y del trayecto, salían medio dormidos por el finger, en dirección a la recogida de equipajes, mientras el todo el mundo estaba celebrando ya la Nochebuena.
La compañía había pensado ya en ese vuelo y sentía que tenía que hacer algo por todos ellos. También para ellos tenía que llegar el cariño y el calor y la alegría de la Navidad.
Se trata de una acción de marketing preciosa. Comercial, pensarán algunos. Humana, concluirán otros. En todo caso, un gesto bonito, un detalle navideño que nos hace paladear el amor y la fraternidad con la que todos soñamos. También en este mundo tecnificado y funcional hay espacio para el afecto y la atención de cada persona.


















