domingo, 9 de febrero de 2014

INQUIERO, SUSURRO, ACOJO

Persigo tu alma entre estructuras
de edificios molidos por el viento. 

Sondeo tus latidos en la tierra,
que enmudece a los pájaros dormidos.
Inquiero tu nombre entre mis rezos,
que no son sólo dolor y olvido. 

Susurro a la noche el responso
por la esperanza que aún no he acogido
y cobijo al dictamen luminoso, 
que se sabe, ¡al fin!, tan respondido.

¡Vive el alma! Y vive tan segura
que es el dolor quien queda compungido.

Ignacio Pagés


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