miércoles, 12 de marzo de 2014

El leproso

   
   Su pierna estaba llena de gusanos. Había salido de una alcantarilla. Era medio hombre y medio animal. Aquella mujer, pequeña, insignificante... le trataba con un amor exquisito, sobresaliente. Le cuidaba, le acariciaba y le limpiaba con todo el cariño que nadie es capaz de dar; amor a lo divino.

   Al ver cosas como esta –o parecidas– un periodista que en ese momento entrevistaba a aquella mujer le preguntó: —Esto que hace usted yo no lo haría ni por un millón de dólares; a lo que la Madre Teresa de Calcuta respondió: —Yo, por un millón de dólares, tampoco lo haría.

   La Madre Teresa obraba así por su intenso y real amor a Jesucristo. Por eso, su vida nos enseña que querer a Jesús en el prójimo vale más que todas las riquezas de la tierra. ¡Qué bonito es encontrar a Dios en el prójimo!, ¡qué hermoso amar a Jesucristo en los demás!, ¡que felicidad tan grande la de tratarles como al mismo Dios!

   Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos, conmigo lo hicisteis. Cada vez que soportas a tu hermano, amas a Dios; cada vez que eres paciente con un compañero, agradas a Dios. Cuando te esfuerzas por comprenderle y esbozar una sonrisa; cuando haces un servicio a alguien, te acercas más y más a Dios.

   Pídele al Señor que te dé la oportunidad de tratar bien a los demás, en los mil detalles del día a día: obedecer prontamente, no criticar, no chillar jamás (es horrible), no perder nunca la calma, comportarme con mis padres como hijo que soy... porque, en todos estos casos, es a Cristo a quien se lo hago.
Repasa delante de Dios cómo van esos detalles: y confía en su ayuda.

Fulgencio Espá

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