viernes, 17 de febrero de 2012

LA CRESTERÍA DE LA CATEDRAL

Catedral de Burgos
    San Josemaría Escrivá recuerda en Amigos de Dios  (n." 65) una temporada pasada en Burgos, allá por el año 1938 y primeros meses del 39. Habla de su labor sacerdotal; de cómo solía charlar con los jóvenes que se dirigían espiritual­mente con él; a veces se iban a dar un paseo por la orilla del Arlanzón, pero en otras ocasiones les llevaba hasta la Cate­dral; era toda una catequesis:

   «Me gustaba subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crestería, un auténtico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa. En esas charlas les hacía notar que aquella maravilla no se veía desde abajo. Y, para materializar lo que con repetida frecuencia les había explicado, les comentaba: ¡esto es el trabajo de Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfección, con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra. 
   Comprendían, ante esa realidad que entraba por los ojos, que todo eso era oración, un diálogo hermoso con el Señor. Los que gastaron sus energías en esa tarea, sabían perfectamente que desde las calles de la ciudad nadie apreciaría su esfuerzo: era sólo para Dios. ¿,Entiendes ahora cómo puede acercar al Señor la vocación profesional? Haz tú lo mismo que aquellos canteros, y tu trabajo será también operatio Dei, una labor humana con entrañas y perfiles divinos».

J. EUGUI

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