viernes, 6 de marzo de 2020

Obsequios de niñas

Se decidió en un colegio de niñas dedicar un día al mes a la exposición y adoración solemne del Santísimo. 

Pasarían las alumnas, con toda libertad, por la Capilla a unas horas determinadas por cursos, durante diez o quince minutos, según fuera la edad. Al principio se había pensado excluir a las más pequeñas, considerando que no entenderían mucho con sus seis o siete años, pero se cambió de idea: era suficiente que las niñitas valoraran algo visitar a Jesús Sacramentado, y al Señor le agradaría sin duda ese gesto.
El primer día, las pequeñas estuvieron atentas y formalitas. Rezaron y cantaron. En el momento de salir, una se quedó rezagada; cuando nadie la veía, se acercó al altar y puso junto a la Custodia, agradecida a Jesús por su amor, un caramelo (gesto de valor, pues era algo costoso para ella).

Vuelta a clase se lo contó a la compañera de pupitre. Ésta se quedó momentáneamente un poco triste, porque quería hacerle un regalo al Señor, pero no disponía de un caramelo. Lo pensó durante un buen rato, y, al final, se le hizo la luz: escribiría a Jesús un chiste que le habían contado en el recreo y que le había gustado mucho. Lo escribió con su letra garrapatosa y allá fue a depositarlo.

Gran alegría le produjo al sacerdote encontrarse al ir a dar la bendición aquellos minúsculos presentes ante la Custodia.

Cfr. A. Fuentes Mendiola
anecdonet.com

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