lunes, 25 de agosto de 2014

Una escena conmovedora

"Tomadla, llevadla con vosotros y leedla cada día: ¡es Jesús quien os habla!" (Papa Francisco)
   Me han conmovido profundamente estas imágenes, me han hecho preguntarme si es que yo leo las Sagradas Escrituras con el mismo amor y celo que muestran estos hermanos chinos.
   Si es verdad que, como dice el Papa Emérito Benedicto XVI: “La Palabra de Dios es como una escalera con la que podemos subir y, con Cristo, también bajar a la profundidad de su amor. Una escalera para llegar a la Palabra en las palabras”, es fundamental que yo me deje tocar por el testimonio de estos cristianos orientales, porque es precisamente esto lo que ellos han intuido en la Biblia. Ayudados seguramente por el duro contexto de vivir obligados a estar lejos de Ella, han comprendido mejor que nadie cuán acuciante y necesario es poder acercarse en un modo tan concreto y tan humano a las profundidades del amor de Dios.

Pero estemos atentos a darle a la Biblia el lugar adecuado en la vida de un católico. Creo que este breve texto extraído de un discurso del Papa Francisco a la Pontificia Comisión Bíblica puede sernos muy útil:
“Las Sagradas Escrituras, como sabemos, son el testimonio escrito de la Palabra divina, el memorial canónico que atestigua el acontecimiento de la Revelación. La Palabra de Dios, por lo tanto, precede y excede a la Biblia. Es por ello que nuestra fe no tiene en el centro sólo un libro, sino una historia de salvación y sobre todo a una Persona, Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne. Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza y se extiende más allá de la Escritura, para comprenderla adecuadamente es necesaria la constante presencia del Espíritu Santo que «guiará hasta la verdad plena» (Jn 16, 13). Es preciso situarse en la corriente de la gran Tradición que, bajo la asistencia del Espíritu Santo y la guía del Magisterio, reconoció los escritos canónicos como Palabra dirigida por Dios a su pueblo y nunca dejó de meditarlos y descubrir en ellos las riquezas inagotables. El Concilio Vaticano II lo ratificó con gran claridad en la constitución dogmática Dei Verbum: «Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios» (n. 12)”.
Mauricio Artieda
catholic-link.com/ almudi

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