El Everest registró el pasado miércoles su cifra récord de turistas intentando alcanzar la cima, 200. Dos de ellos murieron en medio de colas de varias horas.
Sesenta mil euros, billete arriba o abajo, es el precio a partir del cual las excentricidades de un turista rico, aburrido y falto de estímulos encuentran acomodo en forma de turismo. A cambio de esta cuantía es posible costear la licencia, que ya sale a unos 10.000, más todo el reguero de gastos que permiten disfrutar de las bondades del Everest, el punto más alto del planeta. También de sus fatalidades, claro.













































