«Antes de acostarme intensifiqué mi oración a través de don José María. Recuerdo haber gritado con cierta desesperación “El barco, el barco…” mientras acababa las plegarias. Unas horas más tarde, en plena madrugada, sonó el móvil de mi yerno...».
Al poco tiempo de casarse con mi hija, mi yerno –que llevaba toda su vida dedicado a la pesca de bajura en la flota del cantábrico vasco– decidió que era un empleo difícil de compaginar con la vida familiar y lo dejó.
