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jueves, 18 de mayo de 2017

La pizarra vacía


Tres días antes del lanzamiento de Reset fallecía en Madrid Carlos García-Hoz. Tenía 45 años, mujer y una hija aún pequeña. Era director de una agencia de publicidad. Un tipo creativo, carismático, entrañable, deportista, muy querido por amigos y compañeros. 

Alguien ahí Arriba consideró que ya se había reiniciado suficientes veces y que su sistema operativo estaba preparado para dar el salto a una nueva dimensión. Oírle hablar del reencuentro con Dios que suponía para él cada Confesión, —“un gran chollo”, lo definía—, cobra un nuevo sentido al saber que unos días antes se había encontrado cara a cara con Él. 

jueves, 11 de mayo de 2017

A martillazos con la Cruz

Ni Crucificado, ni Resucitado; en la papelera, y ya sin Cruz.
Roto en dos por la cintura. Desde las rodillas, las dos piernas son alambres; y el brazo izquierdo sin mano para sostenerse clavado en el madero.
Son los restos de un Cristo clavado en la Cruz, que una persona dejó hace unos días sobre mi mesa de trabajo. Los había recogido de una papelera en un edificio público.
La compasión pudo más que la repugnancia; y la piedad envolvió con amor semejante al de María Magdalena al acercarse al sepulcro el domingo de Resurrección, los trozos de la figura que pudo conseguir revolviendo con cuidado entre los papeles.

lunes, 29 de febrero de 2016

Enfermos de odio


Escribe Enrique Monasterio:
Me piden que escriba sobre las blasfemias, que no guarde silencio en el blog ante los actos sacrílegos, los insultos a Jesucristo y a la Santísima Virgen, las amenazas que reciben los católicos sólo por serlo y, en definitiva, ante la basura antirreligiosa que se acumula en la red, en las televisiones y hasta en las calles de nuestras ciudades.
Guadalupe, que vive en los Estados Unidos desde hace más veinte años, me pregunta escandalizada: "¿qué les está pasando en España?"
Enrique García-Máiquez, en su artículo de hoy —que recomiendo— habla del presunto "derecho a la blasfemia", que algunos reivindican quizá como paso previo a la subvención. Algún columnista menos serio afirma que las manifestaciones de fobia anticatólica son sólo una moda de la izquierda, que pasará como pasó la moda de los pantalones campana. Yo me temo que el fenómeno es más grave. Estamos ante una epidemia de odio, y el odio, por muy explicables que sean a veces sus causas, siempre tiene al Diablo como primer principio.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Impresionante reacción navarra ante la exposición blasfema

Relato de una universitaria de Navarra. Recoge la reacción de la gente ante la exposición blasfema. Como sabéis, la exposición ha sido retirada. 

Ayer llegué al final del Rosario delante de la sala de exposiciones donde están las fotos de las formas consagradas puestas en el suelo. Habia cientos de personas rezando el Rosario, de rodillas. 

Hoy he estado en la Misa que convocó el Obispo de Pamplona para pedir perdón a Jesús por la profanación de su Cuerpo. Ha sido increíble. Había más de 100 sacerdotes concelebrando la Misa. El Obispo ha hablado de la caridad y la misericordia. Ha pedido a los jóvenes que sienten la llamada de Dios en su corazón que abran las puertas a Cristo, que se entreguen a Él, los chicos al sacerdocio y las chicas en el cuidado de los mas pobres y necesitados. Ha dado las gracias por la presencia de tantísima gente en la Misa. 

martes, 10 de noviembre de 2015

Blasfemias como níscalos

Nos dice Enrique Monasterio en Pensar por libre: 

—En España está de moda vivir a la moda. Lo dijo hace muchos años mi tía Pili y las cosas no han cambiado desde entonces. No seguir la moda equivale a parecer reaccionario, probablemente fascista, talibán y franquista. Siempre fue tiránica la moda, pero nunca tanto como en estos turbulentos años que nos ha tocado vivir. 

Se conoce que, como carecemos de auténticos maestros y nuestras seseras están limpias de ideas originales, el único referente intelectual es "lo que se lleva", el último grito, el postrer escupitajo. O sea, la moda. Ahora está de moda blasfemar, y hacerlo en público, a ser posible ante las cámaras de televisión o en medio de una selva de micrófonos ávidos de titulares. 

Hay que insultar de la forma más soez posible a Dios, a Jesucristo, a la Eucaristía, a la Virgen Santísima, y ya, de paso, al Papa, a los obispos, a los curas…, que se lo tienen bien ganado. Blasfemar mola. Te da prestigio progre, y sale gratis. El blasfemo sabe que los católicos ya no nos rasgamos las vestiduras, tal vez por temor a los resfriados otoñales. 

Si uno blasfema contra Alá o su Profeta, corre el riesgo de que le rebanen el pescuezo con un alfanje, pero el Papa y los obispos son inofensivos, no se querellan jamás y los cristianos, que tal vez deberíamos defenderlos, somos tolerantes y amamos la libertad de expresión en todas sus formas. Estos días brotan los blasfemos como los níscalos en los pinares. 

sábado, 18 de septiembre de 2010

¡CON ESOS ROPAJES NO PUEDE LLEVAR LA CRUZ!

    Comenzaba el siglo VII de nuestra era, y en el Imperio Bizantino había bastante agitación interna. Esta circunstancia fue aprovechada por el rey Cosroes de los persas, que con sus tropas, invadió parte del Imperio, como era Siria y Asia Menor. Y ciudades de gran tradición cristiana cayeron en su poder: Damasco, Jerusalén, Alejandría...  

     La Ciudad Santa, fue conquistada por los persas en el año 614. Y después de la conquista, fue saqueada y arrasada. Y para colmo de males, la reliquia de la Santa Cruz, que se veneraba en una iglesia de Jerusalén después que fuera encontrada milagrosamente por Santa Elena, fue tomada como botín de guerra y conducida a la ciudad de Ctesifonte.

     El mundo cristiano se estremeció ante la profanación realizada por los persas. El emperador cristiano, Heraclio, confortado por el Patriarca de Constantinopla, se aprestó a recuperar los Santos Lugares y el Santo Madero. Después de invocar al Señor y a su Madre Santísima, emprendió la guerra contra los persas y derrotó una y otra vez al enemigo hasta alcanzar la victoria definitiva. Corría el año 627.   

     La Sagrada Reliquia de la Pasión del Señor fue recuperada, y para conmemorar este acontecimiento, la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que ya se celebraba en muchos lugares, se extendió a todo el orbe cristiano.

      Cuenta una vieja tradición, recogida por la Iglesia en el Oficio divino de la fiesta de hoy, que cuando el emperador, vestido con todas las insignias de la realeza, quiso llevar personalmente la Cruz de Cristo hasta su primitivo lugar en el monte Calvario, el peso del Santo Madero fue haciéndose más y más insoportable. Zacarías, obispo de Jerusalén, le hizo ver que para llevar a cuesta la Cruz debería despojarse de la pompa de la realeza, e imitar la pobreza y la humildad de Cristo, que se había abrazado a la Cruz en la desnudez más absoulta. Heraclio se vistió entoncés de humildes ropas de penitente y, desclazo, pudo llevar la Santa Cruz hasta el lugar donde había sido arrancada por los infieles.