Gracias a la formación de ‘Piñeiral’, jóvenes como Adrián han podido convertir un sueño acariciado desde la infancia en una fuente de riqueza
Adrián tiene 30 años y 3.000 gallinas. Este joven emprendedor de la comarca de Arzúa, en Galicia, lanzó en mayo −en plena pandemia− el proyecto con el que había soñado en los últimos ocho años. Hoy vende 2.400 huevos camperos al día. Es uno de los miles de vecinos de la zona que han pasado por las aulas de la Escuela de Formación Agraria Piñeiral y que, gracias a lo aprendido, ha decidido quedarse en el medio rural para transformarlo.
He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, solo convertirme en alguien a quien se pueda amar; el resto ya depende de los otros. He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparán por mi.
He aprendido que puede requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla. He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo alrededor sino las personas que tengo alrededor.
He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede sino lo que hago al respecto. He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante que ocasionan dolor durante toda la vida.
Esta es una muestra estupenda de la buena educación y de como responder ante situaciones imprevistas y «cubrir» a un invitado en vez de ridiculizarlo.
«En el transcurso de un almuerzo oficial, uno de los invitados que no había visto un lavafrutas en su vida pensó que el bol con agua que le habían colocado junto al plato era para bebérselo y, ni corto ni perezoso, se lo bebió, ante el asombro de los comensales que compartían mesa.
Uno de los mayores problemas de nuestro tiempo es la falta de autocontrol, que proviene de muchas causas y todas complejas… y que apuntan a la exigencia personal de los padres en su día a día, dentro de la familia.
Concretamente el privarnos de nuestros caprichos y antojitos es un primer paso para el doctorado en el dominio de sí mismo. Y es que como decía el santo obispo de Hipona: no todo lo que me apetece, me conviene.
He aquí una ilustración gráfica o anécdota del asunto (el exceso de autoindulgencia).
Malala sabe que se ha convertido en un símbolo mundial, y sabe que los terroristas temen más a una niña con un libro que a un ejército.
Malala Yousafzai nació en 1997 en Mingora (Pakistán), y en octubre de 2014, a los 17 años, recibió el Premio Nobel de la Paz y pasó a ser la persona más joven premiada con este galardón en cualquiera de sus categorías en toda la historia.
Querido hijo: A la vista está que desde que comenzaste tus estudios de Informática tu nivel de comunicabilidad con el resto de tu familia ha ido en receso, al igual que tu capacidad para mantener un mínimo orden en tu mesa de trabajo y resto de tu habitación.
Es por ello que he decidido tomar cartas en el asunto y ponértelo de manifiesto en los mismos términos que empleas a diario para dirigirte a nosotros, tu familia: Viendo que tu sistema operativo no te permite mantener optimizado tu entorno de trabajo ni tus unidades de almacenamiento, he creído conveniente defragmentar el espacio libre y poner orden en tu sistema de archivos.
Un dia de lluvia, poco despues de volver a salir el sol, un coche conducido por un padre con sus tres o cuatro hijos (de 6 a 12 años), pasa por encima de un charco que esta al lado de la acera; con tan mala suerte que en ese momento transita por ella un senor de unos 60 anos (con chaqueta y corbata).
¡El salpicón es mayúsculo!. Y el susto del transeúnte no se queda corto.
Un observador piensa que es el momento en el que el coche pondrá pies en polvorosa y, aunque preocupados, saldrán las carcajadas nerviosas y sorprendidas de los ocupantes.
A veces se escucha: «No quiero enseñarle ninguna religión a mi hijo. No quiero influir sobre él; quiero que la elija por sí mismo cuando sea mayor.»
Presento una contribución de G.K. Chesterton que responde a esta cuestión:
He aquí una frase que oí el otro día a una persona muy agradable e inteligente, y que cientos de veces he oído a cientos de personas. Una joven madre me dijo:
«No quiero enseñarle ninguna religión a mi hijo. No quiero influir sobre él; quiero que la elija por sí mismo cuando sea mayor.»
El niñito miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le pregunto:
– ¿Abuelo, estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:
– Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras, es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
Cuando algún alumno o pupilo mastica chicle y le sugieren que pare, éste invariablemente se siente contrariado. Frecuentemente pregunta – ¿Por qué? La primera explicación que sale es “por que lo mando yo”.
Como esa no convence (y menos si se usa infinidad de veces) uno acaba espetando – “por que las reglas no lo permiten…” pero tampoco convence. He aquí un ejemplo para responder al alumno arisco… que convence (o por lo menos, que le calla la boca)…
La buena educación ni viene de familia, ni con la humedad: hay un entrenamiento formal: una formación oral y visual que unos llaman buena educación (apuntar maneras) y otros protocolo. Ica Verdiá, especializada en Protocolo, nos acerca al mundo de las buenas maneras.
La flexibilidad nace de sentirse seguro, de la confianza de saberse desenvolver con soltura en los distintos escenarios. Ica Verdiá (icaverdiamondejar@yahoo.es), que tiene una Escuela de Protocolo, Etiqueta, Acabado y Excelencia Social (EPEAES), nos explica cómo debemos comportarnos.
Mi carácter impulsivo, cuando era niño me hacia reventar en cólera a la menor provocación, la mayoría de las veces después de uno de éstos incidentes, me sentía avergonzado y me esforzaba por consolar a quien había dañado.
Un día mi maestro, que me vio dando excusas después de una explosión de ira, me llevó al salón y me entregó una hoja de papel lisa y me dijo:
– ¡Estrújalo!
Asombrado obedecí e hice con él una bolita.
– Ahora -volvió a decirme- déjalo como estaba antes.
Son muchos los que confían en que el tiempo arregla las cosas. Pero todos acabamos obteniendo la certeza de que hay que enfrentarse con el mal, atajarlo y vencerlo. Luego, efectivamente, el tiempo cura las heridas, que acaban cicatrizando.
Por ejemplo:
-
Pasar página en la vida (ese regalo del cielo) sólo es posible
enfrentándose a las causas de lo ocurrido. De otra manera se cumple el
adagio de G. Marx: "Una conciencia tranquila es síntoma de una mala
memoria".
- La formación de los hijos y de todos en el hogar,
pasa por la necesidad de la coherencia. Simetría de ideas, unidad y
sinceridad de vida. Replanteamiento de cómo se ponen las reglas y por
quien. Replanteamiento del uso y presencia de la televisión. Continúa con un ejemplo gráfico y real de que el tiempo no soluciona los problemas. Un cocodrilo devora a un niño de 9 años en Australia
Un vídeo interesante que invita a priorizar nuestras actividades. Os invito a leer un artículo sobre este tema: https://enlacumbre2028.blogspot.com.es/2017/12/aprendamos-priorizar-urgente-o.html
Juan Ramón Domínguez-Palacios /
www.anecdotasypoesias.blogspot.com.es
Seguro que lo has leído alguna vez también a la puerta de… una iglesia. Y añado este punto porque el temita clama al cielo.
Nos tienen que advertir expresamente y por escrito −y sigue habiendo quien no se entera− eso de: “Apaga tu móvil antes de entrar al templo. Para hablar con Dios, no lo necesitas”.
También nos advierten que lo apaguemos o silenciemos, en la ópera o antes de un concierto: para que no suenen más melodías que las previstas en el programa de mano…
Aprender a vivir es aprender a mirar recreando la realidad. Recrear la realidad es posible –como dice el Principito- creando lazos con la realidad.
El Principito tenía una rosa, y estaba feliz con ella. Pero un día descubrió unos viveros en los que había miles de rosas, todas iguales a la suya. Ver tantas rosas iguales a la suya le desilusionó en un principio, pero pronto recibió una lección del zorro:
“-Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:
-No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún –les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo. Y las rosas se sintieron bien molestas.
«Mamá, es que no lo entiendes. La gente joven dice lo que piensa, sin hipocresías.»
Así defendía una joven adolescente la escasa educación y diplomacia de una amiga suya a la que había invitado a pasar unos días con ellos durante las vacaciones.
—Pero decías que era bueno decir las cosas claras, ¿no?
Por supuesto. Pero hay que encontrar también un sensato equilibrio entre la hipocresía y lo que podríamos llamar —mal llamado— exceso de sinceridad. Porque se puede ser cortés sin adular, sincero sin tosquedad, y fiel a los propios principios sin ofender torpemente a los demás.
No sé si has leído El elemento de Ken Robinson. Su subtítulo deja claro de qué va.
Y ¿qué señala aquel?
Algo aparentemente sencillo: “Cómo descubrir tu pasión lo cambia todo”.
Nos pasamos media vida trabajando. Y conviene aquí recordar a Confucio: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. Tampoco es eso, pero ya me entiendes (o, mejor dicho, ya le entiendes a Confucio).
Hacia ello debemos intentar orientar a nuestros chicos. Que a veces están bastante perdidos…
A la pasión por lo que haces, obviamente, hay que añadirle facultades, habilidades, aptitudes para hacerlo (tengo un amigo que siempre me recuerda mis genialidades futbolísticas infantiles; y lo bien que barría el patio cada vez que, arrastrado, peleaba un balón; digamos que era ‘ambitorpe’; no he mejorado). No basta solo con que algo te guste… pero ¡sí es un primer paso!
Y, por otra parte, si eso que te entusiasma, lo cultivas, lo logras hacer muy bien… y te conduce a un empleo, jugada redonda.
Por cierto, ¿sabes qué les apasiona a tus hijos? O… ¿sabes cómo ayudarles a descubrirlo?
Y tengas o no hijos… (que a quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos), ¿me ayudas a difundir?
Cuenta una vieja leyenda griega que los habitantes de Frigia (en la actual Anatolia, Turquía) necesitaban elegir rey. Según su costumbre, consultaron al oráculo, que les respondió asegurando que el nuevo rey vendría por la Puerta del Este acompañado de un cuervo que se posaría en su carro, y que debían escoger a ese hombre como rey.
Ese hombre fue Gordias, un labrador que tenía por toda riqueza una carreta con sus bueyes. Cuando le proclamaron rey fundó la ciudad de Gordio y, en señal de agradecimiento, ofreció su carro al templo de Zeus, atando la lanza y el yugo con un nudo cuyos cabos se escondían en el interior del propio nudo. Tan complicado resultó el nudo, al decir de la leyenda, que nunca nadie lo pudo soltar, y se aseguraba que quien lo consiguiese desatar se haría dueño de toda Asia.