¡Dios ha muerto. Viva el superhombre!
La sombra de Nietzsche (1844-1900) es alargada. La negación de Dios y la
apología del hedonismo en ámbitos intelectuales occidentales del siglo XX deben
mucho al filósofo alemán. Profesor de filología clásica en Basilea, vivió -como Sísifo-
condenado a soportar la carga de una enfermedad crónica y progresiva, que le llevó
hasta la locura y la muerte prematura.
Sin embargo, su obra se abre con una
apasionada afirmación de la vida, dramática si se tiene en cuenta que es la
proyección de la impotencia de un enfermo.
La vida es un valor que Nietzsche afirma sin más lógica que su fuerza de
surgimiento. Y el símbolo escogido es el dios griego Dionisos, exponente máximo de
una civilización que se embriaga en los instintos vitales y planta cara a la
incertidumbre del destino. Sin embargo, Nietzsche no toma como modelo la Grecia
clásica de Pericles, Sócrates y Fidias.
