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jueves, 4 de abril de 2019

El abogado y el cirujano

En una ocasíón cenaba, Bernard Shaw, con dos amigos, un cirujano y un abogado. 

El abogado quiso probar la admirable capacidad creativa del escritor, y lo retó:

 -A que no serías capaz de inventar un cuento protagonizado por un cirujano y un abogado?

lunes, 22 de octubre de 2018

Las galletitas

Una chica estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un aeropuerto y como debía esperar un largo rato decidió comprar un libro y también un paquete de galletitas­.
Se sentó para descansar y poder leer. En el asiento de enfrente se sentó un hombre que abrió una revista y empezó a leerla.
Entre ellos quedaron las galletitas.
Cuando ella tomó la primera, el hombre también tomó una.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Anécdotas de Tomás de Aquino

Cuando Tomás de Aquino tenía aún pocos años solía preguntar reiteradamente a su maestro de Montecassino: "¿Quién es Dios?", "explicadme qué cosa es Dios". Y pronto comprendió que para conocer al Señor no bastan los maestros y los libros. Se necesita además que el alma le busque de verdad y se entregue con corazón puro, humilde, y con una intensa oración. 

En él se dio una gran unión entre doctrina y piedad. Nunca comenzó a escribir o a enseñar sin haberse encomendado antes al Espíritu Santo. Cuando trabajaba en el estudio y exposición del Sacramento de la Eucaristía solía bajar a la capilla y pasar largas horas delante del Sagrario.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Lo que el ojo no ve

Había una sección de un popular programa de fútbol, dedicado a analizar los partidos de liga disputados la jornada precedente, que se llamaba «Lo que el ojo no ve» –ignoro si todavía existe tal sección, pero fue muy famosa en los años noventa y principios del dos mil–. En ese espacio del programa se ofrecían detalles o aspectos de la jornada que habrían pasado inadvertidos de no ser porque con una cámara los habían buscado e inmortalizado. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

Aquí se vende sabiduría



Aquí  se  vende  sabiduría.  Este  era  el  título  que  tenía Diógenes en una feria de Atenas.  

Un hombre rico pagó por un consejo  sabio  mucho  dinero  y  lo  colgó  en  el  frontis  de  su mansión. 

Decía así: En todas las cosas considera el fin.

martes, 8 de octubre de 2013

EL MOZO DE ESTACIÓN

   
   «No hace mucho, oí una historieta de esas, que procuré no olvidar para contarla en ocasiones como esta. Es una tontería: había un mozo de estación que iba golpeando las ruedas de los vagones con un martillo, como suele ocurrir a veces cuando el tren se para en algunas estaciones. Un pasajero, al verle, se asomó a la ventanilla y gritó: “¿Desde cuándo viene haciendo eso?”. “Desde hace veinte años, señor”. Contestó el mozo. “¿Y para qué lo hace?”, volvió a preguntar el viajero. “No tengo ni idea”»[1].

   Enredados en miles de cosas, alegra pensar que nadie nos pregunte la razón por la que obramos. ¿Sabrías responder? Por qué tanto deporte, por qué tanto trabajo, por qué tantos encargos, agobio, prisa... Por qué, por qué, por qué.

martes, 5 de febrero de 2013

TRES CANTEROS

   Nos encontramos en Burgos, hace muchos siglos: corre el año 1250 y reina en España el Rey Fernando III, que sería llamado  “El Santo” cuando fue canonizado muchos años después.  


    Tres canteros trabajan en las obras de la catedral: si todo marcha según el ritmo previsto, un poco más y se terminarán los dos airosos campanarios previstos a ambos lados de la fachada principal.   Tres canteros están haciendo un mismo trabajo: cada uno de ellos está cuadrando un sillar de piedra. Una vez terminado se unirá a otros semejantes y la torre podrá continuar elevándose.   Pero cada cantero tiene un gesto distinto: 

   El primero está con cara de enfado y de cansancio. Cuando nos acercamos casi no nos mira; protesta por lo bajo con una imprecación ininteligible.
 Le preguntamos:
   -¿Qué está haciendo?  

 El cantero para su labor y contesta malhumorado:

   -¿Es que no lo ve? ¡Estoy picando piedra!   

domingo, 9 de septiembre de 2012

EL ENCANTO DE LAS ROSAS


Habla Ignacio a Javier:

Javier,
no hay virtud más eminente
que el hacer sencillamente
lo que tenemos que hacer
Cuando es simple la intención,
no nos asombran las cosas
ni en su mayor perfección.
El encanto de las rosas
es que, siendo tan hermosas
no conocen que lo son

JOSÉ MARÍA PEMAN, El divino impaciente, p. 60

viernes, 17 de febrero de 2012

LA CRESTERÍA DE LA CATEDRAL

Catedral de Burgos
    San Josemaría Escrivá recuerda en Amigos de Dios  (n." 65) una temporada pasada en Burgos, allá por el año 1938 y primeros meses del 39. Habla de su labor sacerdotal; de cómo solía charlar con los jóvenes que se dirigían espiritual­mente con él; a veces se iban a dar un paseo por la orilla del Arlanzón, pero en otras ocasiones les llevaba hasta la Cate­dral; era toda una catequesis:

   «Me gustaba subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crestería, un auténtico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa. En esas charlas les hacía notar que aquella maravilla no se veía desde abajo. Y, para materializar lo que con repetida frecuencia les había explicado, les comentaba: ¡esto es el trabajo de Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfección, con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra. 
   Comprendían, ante esa realidad que entraba por los ojos, que todo eso era oración, un diálogo hermoso con el Señor. Los que gastaron sus energías en esa tarea, sabían perfectamente que desde las calles de la ciudad nadie apreciaría su esfuerzo: era sólo para Dios. ¿,Entiendes ahora cómo puede acercar al Señor la vocación profesional? Haz tú lo mismo que aquellos canteros, y tu trabajo será también operatio Dei, una labor humana con entrañas y perfiles divinos».

J. EUGUI

jueves, 22 de diciembre de 2011

UNA HISTORIA DE TOLSTOI

   A la entrada de la cocina estaban echados los perros. Juan mató un ternero y echó las vísceras al patio. Los perros las cogieron, se las comieron y dijeron:
-Es un buen cocinero, guisa muy bien.

Poco tiempo después Juan pelaba los guisantes y las cebollas, y arrojó las mondaduras al patio. Los perros se arrojaron sobre ellas, pero torciendo el hocico hacia el otro lado dijeron:
-El cocinero se ha echado a perder, ya no vale nada.

Sin embargo, Juan no se conmovió lo más mínimo por este juicio y dijo:
-Es el amo quien tiene que comer y apreciar mis comidas, no los perros. Me basta con ser apreciado por mi amo.

A. Luciani, Ilustrísimos señores

domingo, 6 de febrero de 2011

A DIOS LE ENCANTA LA MÚSICA

Narciso Yepes
   Narciso Yepes refería con sencillez a una periodista que él disfrutaba, gozaba de verdad, con la música, compartiendo con el público emociones estéticas; pero no buscaba el aplauso; es más, cuando llegaba la ovación, se sorprendía siempre. Y añadía una confidencia muy especial:

   -Y le confesaré algo más, casi siempre, para quien realmente toco es para Dios.

   Dice "casi siempre" porque alguna vez puede distraerse. La entrevistadora hace una pregunta curiosa:

   -Y... ¿a Dios le gusta la música?
   -¡Le encanta! Más que mi música, lo que le gusta es que yo le dedique mi atención, mi sensibilidad, mi esfuerzo, mi arte... mi trabajo. Y, además, ciertamente, tocar un instrumento lo mejor que uno sabe, y consciente de la presencia de Dios, es una forma maravillosa de rezar, de orar. Lo tengo bien experimentado.

JULIO EUGUI

lunes, 22 de noviembre de 2010

NO ACEPTÓ LA CRÍTICA


   Decía en cierta ocasión el músico Haydn (1732-1809), a propósito de su obra: «Cuando pienso en Dios, mis notas surgen copiosas como el agua de una fuente; si Dios ha querido darme un corazón alegre, me perdonará que le sirva alegremente Al contrario, es así como Dios desea que se le sirva.

   También se cuenta -en esta misma línea- que hubo quien le criticó porque las misas que componía eran demasiado alegres. Haydn se limitó a contestar: «No puedo evitar que al pensar en Dios mi corazón salte de alegría».


JULIO EUGUI

miércoles, 15 de septiembre de 2010

UN TORERO FAMOSO

          Antonio Bienvenida, el gran torero que falleció en Madrid el 7 de octubre de 1975, había vestido por primera vez el traje de luces en 1937 y se retiró del toreo en octubre de 1966, después de veinticinco años de profesión ininterrumpida en los cuales había recibido quince cornadas grandes. En 1971, cuatro años más tarde, decidió reaparecer, para retirarse definitivamente en 1974. 

          Después de la reaparición, tuvo un gran triunfo en la Feria de San Isidro -en una plaza de gran responsabilidad y con el ganado más serio de aquella feria-. El último día de la feria los espectadores le pasearon por el ruedo, y así salió a hombros por la puerta grande. Un amigo, unos días después, le preguntó:

       -Antonio, ¿qué sentías cuando te llevaban y aclamaban de esa forma después de vencer tantas oposiciones a tu reaparición?

       -Mira, en aquellos momentos tuve una gran visión sobrenatural y, muy sereno, iba dando gracias a Dios y diciéndole: Señor, tuyo el poder, y tuya la gloria.

        En cambio, en la feria de San Isidro de 1973, Antonio Bienvenida no tuvo suerte. Estuvo varios días sonriendo -era un hombre alegre-, pero con menos fuerza de lo habitual. Un día, al salir del retiro espiritual, al que solía asistir cada mes, su expansión volvió a recobrar la normalidad.

-Mira, yo le ofrezco a Dios también los fracasos, pero como a todo ser humano, me cuesta vencer el mal sabor que me dejan. He estado unos días pensando en las razones de los últimos. Hoy en el retiro he visto claro que ocurren porque Dios quiere, y si El los quiere, será mejor para mí, y ya estoy contento.

IGNACIO SEGARRA

jueves, 8 de julio de 2010

LA MUJER INVISIBLE

          Aunque ya lo conozcas, merece la pena ver de nuevo este vídeo. Da mucho de que hablar, porque da mucho qué pensar. Reconocer que Dios nos mira, nos ve, nos oye. Que todo en nuestra vida  adquiere un valor extraordinario cuando lo hacemos por amor a Él. En suma, el secreto de una vida realizada y feliz: santificar la vida ordinaria. Esta mujer lo explica de una manera expléndida.