La foto tiene efectos inmediatos. Al verla es difícil no experimentar unas ganas incontenibles de coger al niño en brazos, limpiarle el rostro y repeinarlo. Es verlo y uno ahueca los brazos como una nodriza. La conmoción le da a su mirada una serenidad sobrenatural. Está y no está. Un pitido. La nada en el niño. En lo imperturbable, ¿no parece que hay un reproche? A ver quién aguanta la mirada al chiquillo... Decir que «nos mira» sería otro horror periodístico; mira al fotógrafo, que le lanza fotos como a un medallista. Y la foto es material sensible también para la propaganda de turno, aunque fuera pacifista. Me dicen que es una manipulación y me lo creo, pero el niño es cierto.
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viernes, 19 de agosto de 2016
miércoles, 19 de junio de 2013
En el campo de concentración de Auschwitz
Es solo un cuento. Durísimo, terrible, pero solo una narración inventada, aunque no del todo. Es el judío Wielsel quien lo escribe.
Algo ha merecido el castigo de los presos, que han sido citados en la plaza del lager para presenciar el ahorcamiento de tres prisioneros. En Auschwitz todo está perfectamente reglado: una transgresión merece un correctivo desproporcionado y ejemplar. Dos adultos y un niño de ojos tristes esperan la cruel condena. Nada hicieron, pero eso da lo mismo.
«Los tres condenados subieron a sus sillas. Los tres cuellos fueron introducidos al mismo tiempo en las sogas corredizas.
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