
No soy perfecta, pero lo doy todo para hacerlo de la mejor manera. Y sé que piensas que el problema es que me esfuerzo demasiado y que esto lo vives como una intransigencia insoportable…
Es la puerta abierta de tu habitación la que me recuerda que no estás ahí. Siempre está completamente abierta cuando te vas y siempre cerrada cuando vuelves. Al principio, aunque no sabría decir cuándo empezó, lo viví como una exclusión, y lo sentía mucho, lo confieso. Ahora, no es que me guste estar fuera, pero me he dado cuenta de que no sería correcto entrar, a menos que tú quieras, cosa que no sucede a menudo.
La puerta que se cierra marca el final de un camino, el comienzo de uno nuevo, y estoy aprendiendo que acompañarte significa, en este momento, no tomarte más de la mano, sino seguirte más allá de los dedos entrelazados, fuera del reflejo de nuestras sombras, tal vez incluso más allá de la mirada, pero nunca lejos del corazón.





