Ocurrió recientemente en una ciudad china. Cuando las autoridades decidieron cerrar la iglesia, el sacerdote no se dio por vencido.
Le dio muchas vueltas. Sabía que era necesario. No podía quedarse de brazos cruzados mientras los católicos quedaban sin la atención adecuada.
Más allá de la posibilidad de ir a una misa escondida o visitarle clandestinamente, era necesario encontrar una solución para que sus fieles pudieran seguir visitando a Jesús Eucaristía.
