Llamaban en la Hamburguesería al Pack especial con Super-Size BicMac-perro, patatas gigantes, cocacola triple y helado de vainilla y diferentes caramelos LA CAJITA FELIZ. Y el niño se había empeñado en “plimplarse” una cajita feliz. Así se las ingenió este buen padre para sacar partido de esta inevitable, cruel y común encerrona infantil…
Un niño estuvo toda la tarde tirando del chaleco de su papá y diciéndole: “Papa, quiero una cajita feliz”. En un momento de inspiración del Espíritu Santo, el papá tomó a su hijo, lo subió al auto y … ¿sabes dónde lo llevó? ¡A la parroquia! Entró en el Templo con el pequeño y se fue directo al Sagrario.

