Un joven universitario cuenta su experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia.
Esas semanas de celebración, oración y encuentro han dejado una profunda huella en muchos jóvenes. Este artículo muestra cómo los ecos de la JMJ de Cracovia nos siguen llegando aun ahora.
Madrid, 25 de julio, 40 grados a la sombra, un autobús ALSA y una acera llena de mochilas, esterillas, cantimploras, guitarras y banderas. Me imagino que así han debido comenzar la mayoría de los jóvenes sus viajes hacia Cracovia, todo brillante, nuevo y bien empaquetado; para casi todos los integrantes del grupo con el que viajé (chavales de segundo de la ESO a segundo de Bachillerato) es su primera Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Sólo saben de ella lo que han visto en los videos promocionales de youtube, quizá lo que más les ha llamado la atención de ellos son las multitudes, la música y el color de las banderas. Les acompañamos cuatro universitarios encantados de alimentar los clásicos mitos, gritos y canticos que rodean este acontecimiento.



