Una carga policial, contenedores ardiendo y jóvenes encapuchados corriendo. Este fue el panorama que encontró el sacerdote José Manuel Horcajo al llegar al que iba a ser su nuevo barrio, Puente de Vallecas, zona obrera y una de las más pobres de Madrid.
El horizonte que se presentaba no era halagüeño por la mala fama de Vallecas, pero tampoco ayudó el que una feligresa anciana le diera como primer regalo de bienvenida una navaja advirtiéndole de que la necesitaría. De aquello han pasado 10 años y ahora la parroquia de San Ramón Nonato se ha convertido en una de las más punteras de Madrid.


