CAPÍTULO UNO. Bajo por una calle y hay un hoyo grande. Yo no lo veo y caigo en él. Es profundo y oscuro. Tardo mucho tiempo en lograr salir. No es mi defecto.
CAPÍTULO DOS. Bajo por la misma calle. Hay un hoyo grande y lo veo, pero caigo de nuevo en él. Es profundo y oscuro. Tardo mucho tiempo en lograr salir. Todavía no es mi defecto.
CAPÍTULO TRES. Bajo por una calle. Hay un hoyo grande, y lo veo, pero todavía caigo de nuevo en él. Ha llegado a ser un hábito. Pero ya voy aprendiendo a salir rápidamente del hoyo. Reconozco mi defecto.
CAPÍTULO CUATRO. Bajo por una calle. Hay un hoyo grande. Lo rodeo.
CAPÍTULO CINCO. Bajo por una calle diferente.
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jueves, 30 de agosto de 2012
jueves, 16 de septiembre de 2010
Por qué nos cae tan bien Rafa Nadal
No sé si coincidirán conmigo en que Rafa Nadal es algo más que un excelente jugador de tenis profesional. Es una buena persona. Al menos, eso es lo que transmiten sus gestos y sus palabras.
Este martes, unos minutos después de pasar a la historia tras ganar el Abierto de Estados Unidos, dijo: “No soy un jugador perfecto”; “mi objetivo es seguir mejorando día a día”; “soy un super-privilegiado de la vida”.
Son mensajes netos, sin doblez, que nos presentan a una persona dotada de algo más que músculos o una técnica prodigiosa. Hay mucho equilibrio, sentido común y respeto (por los demás y por las cosas) en esta manera de comportarse. Y eso es algo apreciable.
Cuentan que, hace varios años, precisamente durante este torneo en Nueva York, Rafa Nadal comenzó a quejarse en voz alta en un entrenamiento de las características de las pelotas de tenis que había facilitado la organización. No cesaba en sus reproches y, una y otra vez, manifestaba su contrariedad. Hasta que se le acercó su tío y consejero, Toni Nadal, que le echó una bronca de campeonato:
-- “No te quejes. Es lo que hay. No vas a cambiarlo. Es para todos igual. Adáptate a ellas y juega”.
La clave de la personalidad de Rafa Nadal, íntegra y equilibrada, está en su esfuerzo personal pero también en la formación que ha recibido. Por eso nos cae tan bien Rafa Nadal.Este martes, unos minutos después de pasar a la historia tras ganar el Abierto de Estados Unidos, dijo: “No soy un jugador perfecto”; “mi objetivo es seguir mejorando día a día”; “soy un super-privilegiado de la vida”.
Son mensajes netos, sin doblez, que nos presentan a una persona dotada de algo más que músculos o una técnica prodigiosa. Hay mucho equilibrio, sentido común y respeto (por los demás y por las cosas) en esta manera de comportarse. Y eso es algo apreciable.
Cuentan que, hace varios años, precisamente durante este torneo en Nueva York, Rafa Nadal comenzó a quejarse en voz alta en un entrenamiento de las características de las pelotas de tenis que había facilitado la organización. No cesaba en sus reproches y, una y otra vez, manifestaba su contrariedad. Hasta que se le acercó su tío y consejero, Toni Nadal, que le echó una bronca de campeonato:
-- “No te quejes. Es lo que hay. No vas a cambiarlo. Es para todos igual. Adáptate a ellas y juega”.
Javier Fumero
El Confidencial Digital
jueves, 26 de agosto de 2010
MENOS ESPECTACULAR
Nos la ha descrito Arístides Briand, varias veces primer ministro de Francia. En una tienda -dijo- entra un loco con un garrote en la mano; la emprende a bastonazo limpio con jarros, vasos y platos, y lo reduce todo a pedazos.
La gente se detiene, acude de todas partes, admira la proeza. Poco tiempo después entra en la tienda un viejecito con un bote de goma bajo el brazo; se quita el gabán, se pone los lentes, y con una paciencia de cartujo, comienza -en medio de aquel destrozo- a reparar los vasos rotos. ¡Tened por seguro que ninguno de los transeúntes se detendrá a mirarlo!
miércoles, 30 de junio de 2010
El patinazo del científico
Realmente sorprende, pero así lo encontramos en el libro de J. Marqués Suriñach, el Valor de los defectos ajenos, y merece la pena reseñarlo. Protagoniza esta historia el gran Isaac Newton (1642-1727), científico que no necesita mayores presentaciones.
Debido a su amor por los animales, mantenía en su casa londinense dos gatos, uno grande y otro pequeño. Con el deseo de que pudieran los dos "mininos" tomarse un respiro por el jardín, que también tenían su derecho a disfrutar un poco del aire libre, pidió a un carpintero que practicara en la puerta de la casa dos agujeros, uno grande y otro pequeño, de forma y manera que cada gato estuviera en condiciones de salir por donde mejor le conviniere.
El carpintero se quedó bastante perplejo y no sabía si callar o decir algo. No se atrevía. El mismo Newton observó esa vacilación y animó al carpintero:
-Venga, diga lo que tenga que decir. ¿Qué inconveniente ve usted?
Con timidez, el buen hombre se dirigió al gran sabio:
-A mí me parece que con un solo agujero grande habría bastante, porque por él podrían pasar el grande y el pequeño.
Lo estupendo de este asunto es que Newton no se molestó lo más mínimo. Reconoció su error -su despiste- y pidió al carpintero que hiciera lo que debía, agradeciéndole la sinceridad.
JULIO EUGUI
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