¿Pero cómo puede el deseo de conocimiento llevarnos por mal camino? San Agustín cuenta la historia de cómo su amigo Alipio asistió a los juegos de gladiadores en Roma, y estaba decidido a cerrar sus ojos en el momento de la muerte del perdedor. Había decidido que incluso si sus amigos habían traído su cuerpo a los juegos, no podrían forzar su mente a disfrutarlo.
Cuando la muchedumbre aclamó con voz potente, no pudo resistir, y abrió los ojos, diciéndose a sí mismo que aunque viese el espectáculo, aún así estaría por encima de él y lo despreciaría en su corazón. Sin embargo, en contra de lo que se había propuesto, terminó disfrutando en su corazón del espectáculo.

