Campamento en Barretstown (Irlanda)
Diego Soto de Prado, a sus 34 años ya es padre de cuatro hijos y, con más de diez años de profesión, un experimentado oncólogo, médico e investigador, en un hospital de Valladolid.
Oncólogo, ¿una vocación para valientes?
Desde joven tuve claro que lo mío era la medicina, y todo el sentido “humano” que la envuelve, más aún en esta sociedad donde el valor por la persona pasa por sus horas más flacas. Creo que la decisión de optar por la oncología se inició y reafirmó en los numerosos veranos que pasé en Irlanda como monitor de un campamento de niños con cáncer y en donde pude percibir el calor y cariño que estos enfermos te trasmiten y lo mucho que puedes hacer con una simple sonrisa.
Desde joven tuve claro que lo mío era la medicina, y todo el sentido “humano” que la envuelve, más aún en esta sociedad donde el valor por la persona pasa por sus horas más flacas. Creo que la decisión de optar por la oncología se inició y reafirmó en los numerosos veranos que pasé en Irlanda como monitor de un campamento de niños con cáncer y en donde pude percibir el calor y cariño que estos enfermos te trasmiten y lo mucho que puedes hacer con una simple sonrisa.







