martes, 20 de diciembre de 2011

¿UN HOMBRE DE HONOR CON SECRETOS?... BASTA EL DE LA CONFESIÓN.

   Cierto día, una persona muy conocida, de clase social alta y de sangre real, visita a San Josemaría, en Roma. En un determinado momento de la conversación, el visitante adopta un aire grave, transcendente. Baja la voz y, tuteándole desde su posición de realeza, le dice:  -Te quiero con tar algo, en secreto...

El Padre le interrumpe, con suavidad pero con energía: -Alteza, arrodíllese, y hábleme en confesión, porque ése es el secreto más absoluto que me puede pedir. Para lo demás, está usted hablando con un sacerdote y con un hombre de honor, y eso debe bastarle. Le aseguro que lo que me dicen confidencial­mente, por la moral cristiana, lo guardo reservadísimamente en mi alma. No me cuesta nada comportarme así porque, además de ser un deber, me lo pide la hombría de bien, que trato de vivir siempre.

No le cuesta nada comportarse así, porque el sacerdocio -vi­vido como un continuo no a sí mismo- ha virilizado y templado su voluntad. No le cuesta nada comportarse así, porque el celibato de co­razón le ha enseñado a un constante vaciarse de las excelencias y de las miserias ajenas que, de sus oídos de confesor, pasan al océano blanco del olvido.­

No le cuesta nada comportarse así, porque puesto en la cumbre como las águilas, no necesita otro desaguadero que el del Dios de sus secretos.

No le cuesta nada comportarse así, porque -sellada su alma y sellados sus labios con el sello del Amor más excelente-, todo suceso de acá abajo es bagatela de poca monta que no puede trabarle, ni distraerle, ni deslumbrarle: es abismo de noticia de Dios, la que posee.

Pilar Urbano, el hombre de Villa Tevere

1 comentario:

  1. Es verdad: dejar nuestros secretos a Dios, en la oración, es descifrarlos;llevarlos a la confesión, si pesan, es olvidarlos.
    ¡Gracias por el artículo!.Pilar,es preciosa la anécdota y tus palabras..."...es abismo de noticia de Dios, la que posee". Dios no tiene fondo, como la espiritualidad de San Josemaría, como los sacerdotes santos, como toda persona consagrada al Señor, día a día y ahí donde se encuentre.

    ResponderEliminar