En un lugar donde las madres no están acostumbradas a visitar al médico durante el embarazo, pequeños avances salvan cientos de vidas.
Enlace al reportaje original, en el periódico El País.
Llegar a un pueblo cercano a Kinhasa (República del Congo) con un ecógrafo portátil es todo un acontecimiento. Para bien y para mal. El aparato en cuestión genera todo tipo de reacciones. “Allí se esperan los hijos de otra manera”, explica Álvaro Perlado, director general del Hospital de Monkole, un centro de referencia que alberga el programa especial Maternidad sin Riesgos, financiado por MSD.
“No es que no tengan curiosidad por saber el sexo de su hijo, es que no les pasas por la cabeza que eso sea posible. Se quedan muy impactadas con el aparato, cuando le pasas la sonda y puedan ver al bebé dentro del útero, ya cuando le dices: ‘pues esto es un niño’ se quedan alucinadas”, cuenta Perlado. “Pero algunas personas tienen metido en la cabeza que la ecografía es mala, lamenta Juan Arbulú, jefe del proyecto. “Prefieren hacer más caso al brujo porque se fían más de él”.