Cuentan que en una antigua casa de un herrero de Zürich está impresa esta leyenda, que aún hoy puede leerse: «Si hubiese que poner un candado a toda boca mala, entonces la noble herrería sería el primer gremio de la tierra».
Las facciones nacen de la envidia y en la vida cotidiana se alimentan por la lengua. La murmuración es el vehículo apropiado para generar división en cualquier grupo humano, también en el de los seguidores de Cristo.
Es imposible detener la maledicencia de otros. Ya se lo dijo don Quijote a Sancho, cuando este último lamentaba las críticas que recibía: «No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será nunca acabar: ven tú con segura conciencia, y digan lo que dijeren, que es querer atar las lenguas a los maledicentes lo mismo que querer poner puertas al campo» (Parte II, c. LV).

































